DOBLE VISIÓN

DOBLE VISIÓN

Doble Visión

(IMAGEN SACADA DE IMAGIC BOX) “A mi me la regalaron los reyes! 😉 ”

El mentalismo moderno, al igual que el ilusionismo, nació de la mano de Jean-Eugène Robert-Houdin. Él fue, quién popularizó uno de los efectos más impresionantes del mentalismo.

¿Pero qué era exactamente la doble visión?

La premisa era un efecto de telepatía, donde el asistente podía adivinar los objetos que entregaba el público a su compañero.

Émile, hijo de Robert-Houdin, permanecía vendado y sentado en una silla en el escenario. Mientras Robert-Houdin caminaba por el auditorio, recogiendo objetos aleatorios de los espectadores, su hijo era capaz de adivinar, sin poder ver nada, qué objetos eran. Incluso podía describir en detalle su material, color…

Robert-Houdin lo popularizó, pero ese mismo efecto llevaba ya algún tiempo presentándose. Él lo aprendió directamente del posible inventor: Chevalier Pinetti.

Tras el éxito de Robert-Houdin aparecieron muchos imitadores.

William Henry Palmer, adoptando el nombre de Robert Heller, triunfó en USA copiando el espectáculo completo, incluso imitando el acento francés.

En la tercera parte de su show presentaba su “Visión Súper-Natural”, con su asistente, una mujer con “poderes de clarividencia”, que era llevada a trance usando la hipnosis.

Lo más habitual era que los artistas presentasen este efecto junto a algún supuesto familiar, con el que se suponía que tenían una conexión especial

En el libro Confidencias de un Prestidigitador, (Lo puedes conseguir en www.13ilusiones.com) Robert-Houdin deja entrever que el método consiste en el desarrollo de un código secreto y una extraordinaria memoria tanto de él como de su hijo.

Lamentablemente el secreto de la rutina se hizo conocido por el público por la gran proliferación de artistas imitando pobremente este tipo de rutinas.

Esto llevó a que los artistas tuviesen que crear métodos nuevos para acabar con las suspicacias de los espectadores. Así, por ejemplo, en la nueva rutina de Robert-Houdin, él permanecía en completo silencio, y únicamente tocaba una campanilla para que su hijo Émile procediese a la adivinación del objeto.

Muchos otros ilusionistas crearon sus propias versiones en silencio de este número. Algunos usaban códigos mucho más sofisticados, y otras tecnologías novedosas para la época.

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